La aspiración humana por excelencia, es y ha sido por encima de la subsistencia; amar y ser correspondido.

En esa fricción ha nacido el perseguido anhelo, y su mejor aplicación el arte contemporáneo. Distancia entre la vida real y las fantasías de otros mundos, otras visiones, otras experiencias. Cada época dispone de personajes y también de fantasmas donde estos seres se mudan para romper las barreras que los limitan y los frustran. El arte contemporáneo es la ficción de sociedades donde la fe del pensador percibe alguna crisis, donde hace falta creer en algo. Donde la única visión absoluta es sustituida por un enfoque agrietado y una creciente incertidumbre sobre el mundo en que vivimos.

El arte contemporáneo no es como la vida, pero intenta darle un sentido, una orientación, una búsqueda. Persiguiendo descubrir ese algo más, existente aunque todavía no lo percibimos. Y en ese fragmento, en esos precisos microsegundos de inspiración aparece el creador para mostrarlo con un quejido, como llanto profundo de pasión y alegría completa, sublime. Demostrándose a sí mismo el valor de su esfuerzo en soledad, profunda e hiriente soledad. Pura melancolía creadora.

Sociedades tabicadas y sociedades transparentes

Convivimos en la actualidad con poderes que aspiran a controlar cualquier manifestación de arte, porque conocen su fuerza, desconfían de esos nuevos símbolos y pretenden agarrarlos mediante la censura subvencionada. Con lo que establecen diferencias, sin quererlo, entre uno y otro arte. Salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad.

En una sociedad tabicada el poder no sólo se arroga el privilegio de controlar a las personas, pretende someter su fantasía, sueños, memoria, e ingenio. En una sociedad tabicada el pasado es objeto de manipulación dirigida a justificar el presente. La única historia oficial es la tolerada, no hay otra oportunidad, como ocurría en la sociedad soviética. Donde las verdades no lo son per se, sino que se construyen con artificios, con el soporte interesado de amanuenses y escribas, incapaces de mostrar sus versos libres. La manera de distinguir una sociedad tabicada es entender ficción y realidad, confundidas y suplantadas la una a la otra en una alternancia constante y caprichosa de identidades.

Las sociedades transparentes deberían ser autónomas, independientes, con ese punto rebelde en la búsqueda de la verdad. Donde la frontera entre ficción y realidad están definidas con claridad. Coexisten, sin invadir ni extorsionar la una los dominios y las funciones de la otra. Es una práctica del totalitarismo moderno organizar la memoria colectiva, retocar la historia para hacerla instrumento de gobierno. Proporcionar excusas para sus perversiones es una tentación difícil de soportar por el poder.

Abate Bussoni

Editorial publicada en la revista #20 de ARTNOBEL Inspiration Review of Contemporary Art protagonizada por Máxima Romero.

Imagen: Laima, NFT dinámico, Máxima Romero (MxmR).