Estracto del libro: Investigación y docencia en la creación artística. Edita: Editorial Universidad de Granada.

Autores:

Manuel Ángel Vázquez Medel, Ricardo Marín Viadel, Ángel García Roldán,
Guillermo Cano Rojas, Estrella Fages, José Gijón Puerta, Rafael Liñán Vallecillos, Carina Martín Castro, José Ignacio Hernández Hernández

Creatividad y mindfulness. 

Csikszentmihalyi piensa que lo que mejor define a una persona creativa es su complejidad: “muestran tendencias de pensamiento y actuación que en la mayoría de las personas no se dan juntas” (p. 79). Y establece un módulo de diez rasgos aparentemente antitéticos que se integran en dichos individuos, a los que nosotros iremos contraponiendo, a modo de avance, los beneficios que entendemos puede prestar la práctica de mindfulness para el ejercicio e incremento de la creatividad: 

  1. “Los individuos creativos tienen gran cantidad de energía física, pero también están a menudo callados y en reposo” (p. 80). Veremos que la práctica de mindfulness permite, precisamente, “balancear” esta dinámica, cualificando los momentos de reposo, de silencio, de mirada interior, de atención a un soporte, y también incrementar y cualificar positiva y operativamente la energía en los momentos de actividad.
  2. “Los individuos creativos tienden a ser vivos, pero también ingenuos al mismo tiempo” (p. 82): La práctica de la meditación de atención plena incrementa tanto la vivacidad, la capacidad de estar despiertos, como la ingenuidad (en su sentido etimológico: incapacidad de hacer daño), a través del cultivo de la alteridad y de la compasión. Por otra parte, la combinación activa entre una mirada fresca y a la vez ingenua ante el mundo y las cosas incrementa la profundidad de la indagación y de la toma de conciencia de la realidad, rasgos imprescindibles para las dinámicas heurísticas.
  3. “Un tercer rasgo paradójico se refiere a la combinación afín de carácter lúdico y disciplina, o responsabilidad e irresponsabilidad” (p. 84). Aunque no creemos muy acertada esta formulación de Csikszentmihalyi, podemos entender, para nuestros propósitos, que el cultivo de la conciencia plena ejercita e incrementa la responsabilidad y la disciplina, pero también -en la medida en que contempla los pensamientos, sentimientos y acciones sin juzgar y considerándolos como parte de una totalidad u orden implicado- permiten adoptar una relación más lúdica y desapegada (que no irresponsable), imprescindible para la experimentación creativa.
  4. “Los individuos creativos alternan entre la imaginación y la fantasía, en un extremo, y un arraigado sentido de la realidad en el otro” (p. 86). Veremos que la práctica continuada de mindfulness posibilita una experiencia mucho más plena del instante presente, de la realidad tal como es –cuya aceptación es imprescindible para transformarla. Pero, igualmente, a través de muy diversas técnicas de imaginación, de visualización, potencia nuestra propia capacidad mental para plantear otras realidades posibles y alcanzar aquellos objetivos que nos proponemos. Es la dimensión acreditadamente transformadora de los procesos meditativos.
  5. “Las personas creativas parecen albergar tendencias opuestas entre extraversión e introversión” (p. 88). Aunque quienes observan las prácticas meditativas desde fuera pueden pensar en un cierto escapismo introvertivo, nada hay más lejos de la realidad. Si bien es cierto que la práctica de mindfulness permite alcanzar una autocomprensión y autoaceptación extraordinarias, ello no quiere decir que nos suma en un estado de solipsismo, ajeno al mundo. Muy al contrario, al romper la dualidad entre “nuestra” realidad y la realidad “ajena o externa”, desde una profunda visión de orden implicado, también nos capacita más y mejor para la extraversión: para estar atentos, aceptar (tal vez transformar) y acoger todo lo que se supone fuera de nosotros. 
  6. “Los individuos creativos son también notablemente humildes y orgullosos al mismo tiempo” (p. 90). Veremos que la práctica de mindfulness permite apreciar, al mismo tiempo, lo contingente e insignificante de cuanto somos – por muy “importantes” que podamos ser o nos consideren-, al tiempo que alcanzan una visión profunda de la plenitud que está en cada uno de nosotros, del mismo modo que todos los puntos de una imagen están presentes en cada punto del holograma.
  7. “En todas las culturas, los hombres son educados para ser “masculinos” y descuidar y reprimir aquellos aspectos de su temperamento que la cultura considera “femeninos”, mientras que las mujeres son objeto de las expectativas contrarias. Los individuos creativos escapan en cierta medida a este rígido estereotipo de los papeles por razón de género” (p. 93). Nos parece especialmente interesante y perspicaz este rasgo establecido por Csikszentmihalyi, que apunta hacia una especie de “androginia” primordial entre las personas creativas incluidas en su estudio. Una vez más, la perspectiva que establece la práctica de la atención plena supera este tipo de dualidades y permite el contacto profundo con esa realidad humana que nos constituye y que es incluso previa a la oposición “masculino/femenino”, que más que oposición es complementariedad al servicio de la vida. Como ya dijera Jung, en el corazón mismo de lo masculino está el arquetipo femenino anima, del mismo modo que en el corazón de lo femenino está el arquetipo masculino animus, al modo como lo expresa esa dinámica y compleja totalidad constituida por el ying y el yang. Aunque no es éste el lugar adecuado para desarrollarlo, esta dimensión que también se potencia a través de la meditación, contribuye a contrapesar la hipertrofia de lo masculino que ha estado y está a punto de conducirnos al abismo. En nuestro ensayo “El hilo de Ariadna: la mujer y lo femenino en la salida del laberinto” desarrollamos con más detalle estos aspectos.
  8. “Generalmente se piensa que las personas creativas son rebeldes e independientes. Sin embargo, es imposible ser creativo sin haber interiorizado primero un campo de la cultura. Y una persona debe creer en la importancia de tal campo para aprender sus reglas; por tanto debe ser, en cierta medida, tradicionalista” (p. 94). Una vez más las oposiciones “tradición vs. innovación”, “conservación vs. rebeldía”, se rompen desde la perspectiva unificada de mindfulness, que incorpora experiencias acrisoladas desde hace milenios, pero que precisa actualizarlas en el momento presente, el único que realmente existe, sin las rémoras del pasado y sin las angustias, temores o expectativas del futuro.
  9. “La mayoría de las personas creativas sienten gran pasión por su trabajo, aunque también pueden ser sumamente objetivas con respecto a él. La energía generada por este conflicto entre apego y desapego ha sido señalada por muchas de ellas como una parte importante de su trabajo” (p. 95). Si alguna lección profunda se desprende de una práctica continuada de mindfulness es que pasión y desapego no solo no son términos contradictorios y en conflicto sino que, cuando son auténticos, se implican y requieren. Precisamente se trata de eso: “pathein” en griego significa sentir, con-sentir, compartir la experiencia, lo bueno y lo malo. Es lo que expresa la palabra simpatía, “sym-patheia”, sentir con, con-sentir en el más profundo y noble sentido de la compasión. Pero ese sentimiento no es apego, porque si lo es, deja de ser proyección abierta y libre hacia lo otro y hacia los otros. Igual ocurre en la implicación del creador con su tarea: se siente comprometido con ella, motivado, movido por ella. Pero, a la vez, conserva la distancia, la capacidad de atender y entender no lo que le gustaría, sino aquello que tiene allí delante en el momento presente. 
  10. “Finalmente, la apertura y sensibilidad de los individuos creativos a menudo los expone al sufrimiento y el dolor, pero también a una gran cantidad de placer” (p. 96). Las palabras apertura y sensibilidad nos sitúan ya de lleno en el ámbito de las prácticas de atención y conciencia plena: son imposibles sin esa apertura mental que sin aversiones ni apegos nos permite observar, contemplar, atender, el momento presente. Y ello no solo desde nuestra inteligencia racional sino, también, desde nuestra inteligencia emocional e incluso desde nuestra inteligencia motriz, que queda a la vez detenida, polarizada y consciente de procesos habituales (la respiración, la posturalidad, la corporeidad misma…). Quien se entrega a la práctica de mindfulness sabe que dolor y placer forman parte de nuestra existencia. Que intentar rechazar o negar el dolor causa más dolor, y que el apego al placer también causa dolor. Por ello entendemos que, una vez más, y en todos y en cada uno de los aspectos que Csikszentmihalyi considera como presentes (en diversos modos y grados) en las personas creativas, el efecto de una práctica asidua, regular y prolongada de mindfulness es –independientemente, de que tiene su propia finalidad en sí misma- altamente positiva para el incremento de las capacidades creadoras de todos los individuos. 

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