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Autor de la fotografía Fernando Rincón

 

                                                “Despojad (al arte) de sus extravagancias, devolvedle la cordura y daréis al traste con él”    Baudelaire

Versa en el título a la exposición Atzucac: ¿Quién de vosotros se merece la vida eterna? Árida cuestión en tiempos de desorden, caos y anarcosindicalismo al desuso.  Si la paradójica realidad humana se bifurca entre lo racional e irracional, confluyendo en un juego de conceptos beneficiosos a una colectividad. El arte va más allá, impulsado por un sacrosanto temor que anima la fantasía, la intensidad, el caos, la imaginación. Ya lo señalaba Edgar Wind en su ensayo Arte y Anarquía: “Si el más alto deseo de un hombre es llevar una vida tranquila y ordenada, el mejor consejo que se le puede dar es que aleje el arte de su casa”.

Porque el poder de la imaginación del artista arranca de una fuerza explosiva, caprichosa que lo puede desbordar y hasta destruir, pero también cualquier disciplina  o intento de ahogar o refrenar su  libertad le haría sucumbir o marchitar la propia imaginación. Por tanto, ¿Quién de vosotros se merece la vida eterna? Disciplinado, extravagante, convencional, racional e irracional… ¿Quién? Gusta el arte de la posmodernidad a través del ensayo establecer lecturas críticas de los momentos coyunturales convirtiéndose muchas veces en elementos visuales de diferentes lecturas estéticas, sociales, políticas o filosóficas. Podría parecer algo irracional e ilógico intentar buscar paralelismos en el comportamiento político o social a través de cualquier movimiento artístico, y más si el espectador se encuentra decepcionado de los convencionalismos sociales y artísticos. Sin embargo, cada vez encontramos más este tipo de exposiciones temáticas en las que lo híbrido, lo irracional da paso a lo convencional. Ya no nos sorprende ver reivindicativos fragmentos de textos en las paredes, como tampoco nos sorprende ver un escatológico muñeco o fetiche sexual en medio de una exposición, con su consecuente carga simbólica. ¿Se ha convertido en algo convencional a nuestra mirada?

Quizás Rebeca Plana nos haga interrogarnos ante estas cuestiones que creíamos desaparecidas en el arte, donde el genio, el ego artístico continúa en esa hegeliana búsqueda del aura y la eternidad  presente en una época en la que se cuestiona tantas veces, el fin del arte. Donde el arte ha dado paso al espectáculo a través de los comisarios estrella y los grandes nombres, como si firmas de moda se tratara.

Rebeca, nos interroga, proponiéndonos una constante herejía romántica a través de lo fragmentario, de lo informal de lo impulsivo de su pintura. Un culto al fragmento pictórico que va en contra de que cualquier pensamiento debe conducir a una conclusión lógica. La efervescencia mental vitalizada a través de la reunión de diferentes pensamientos fragmentarios es una de las pautas para comprender su pintura. Dentro de un imponente grafismo donde discurre una constante variación cromática, encontramos una  obra que ha sido enmarcada por diversos críticos dentro de una clara línea informalista.

Hay una búsqueda de la fragmentación mediante el uso del drip painting, en la que a través del gesto, la compartimentación, los volúmenes, los grandes empastes o la furia da lugar a un juego compositivo entre lo anecdótico y lo controlado. Y es que hay algo de teatral en las grandes instalaciones o acciones pictóricas llevadas por Rebeca Plana, que nos evocan aquel fragmento del autor teatral alemán Christian Dietrich Grabbe, más conocido por su obra Don Juan y fausto: “Hubo un Dios, pero fue descuartizado; nosotros somos los pedazos”. ¿Tiene uno que hacer trizas para gozar? Casi parecería que sí, y es que es sabido que una pieza entera no puede paladearse, ya que como aseveraba Edgar Allan Poe lo importante es reverenciar lo absoluto en los fragmentos: “Sostengo que un poema largo no existe (…) Lo que denominamos un poema largo no es, en realidad, nada más que una sucesión de poemas breves”

 

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Autor de la fotografía Fernando Rincón

 

¿El todo o la parte? Nos interrogamos. Y es que Atzucac, remite a esos espacios sin salida, callejones que dan acceso a la vivienda y que parece invitar al visitante a acceder a un lugar mágico. Una parte importante de un espacio que parece indicarnos que vamos a penetrar hacia el interior de algo desconocido. Y es que el lirismo propio de Atzucac es una invitación de la artista a ese lugar sacrosanto de todo artista, su estudio, y que Rebeca nos muestra y desnuda en la sala expositiva. Son papeles, grandes lienzos, apuntes que ha sacado de su espacio de trabajo y nos los presenta como fragmentos de un gran poema. Porque  hasta el momento actual, mucho de nuestro acercamiento al arte está influido en gran parte por el ensalmo de esta especial preferencia por desechar cualquier convencionalismo en el arte. No sentimos haber captado el espíritu de una obra pictórica hasta que la hemos vuelto a reducir mentalmente a esos audaces apuntes iniciales en que la mano del maestro tiembla y titubea.

Sin embargo, ese desnudo romántico del espíritu alejado de normas académicas o tópicos estéticos son desechados por la artista para refugiarse en aquellas menudas e íntimas percepciones del espíritu, de la imaginación, de lo que siente como si fuera la única salvaguardia de la pura sensibilidad. El trazo espontáneo retiene en su frescura lo que el todo o la necesidad de completar tiende a quebrar. Claridades y oscuridades recorren la sala donde la variedad cromática jamás resulta repetitiva y en la que subyace una constante búsqueda de la expresión artística.

Tiene la obra de Rebeca algo de caprichoso, en el mejor sentido. Ya que la artista con ese extravagante y liviano sentido de la improvisación que le caracteriza, es capaz de decir de manera eficaz cosas que, dichas de una manera figurativa o más realista y grave, podrían resultar sosas o francamente simples. Observamos en todo, como una sensación instantánea resulta más significativo para el espectador que la prolongada actividad imaginativa en el proceso de trabajo, o como señalaba Wind en su obra Arte y Anarquía: “… caemos en aquel predicamento típicamente romántico que Wordsworth, en 1800, llamó una “sed degradante de estímulos desenfrenados”. De aquí que valoremos la obra de arte esbozada, detenida en sus comienzos en honor a la espontaneidad.”

Franqueza, ironía, imaginación, destreza y sobre todo espontaneidad envuelve el trabajo de la artista. Una suerte de monólogo interior que transmite a través de su particular gramática pictórica lo íntimo, lo inmediato. Admitiendo simultánea y alternativamente y al mismo nivel fragmentos tanto pretéritos, distantes, futuros o totalmente inmateriales. Es decir, una realidad en la que las acciones más inmediatas configuran la abstracción.

Como toda buena pintora abstracta, Rebeca encuentra en el color la vida y  la muerte, el amor y el odio, la paz y la mirada.  Su color hace que la obra busque su propio pretexto, de manera fértil crea una gran diversidad de metáforas, extraviándose en universos bermellones o alumbrando ora materias palpables como arcanos personales.

Sin embargo, cuando observamos las manchas, los trazos, las rayas o cualquier geometría encontramos una gran intuición artística. Una intuición en la que la abstracción lírica nos evoca a artistas como Olivier Debré,  Soulages, De Staël, Poliakoff o Vieira da Silva. Una obra que nos hace disfrutar de la naturaleza, de la luz, del paisaje, de la intensidad, de la imaginación. Esa imaginación que rompe cualquier regla, con cualquier intento de limitación, porque esta potencia explosiva y caprichosa es infinita. Por eso como nos interrogábamos al inicio ¿Quién de vosotros se merece la vida eterna? Árida cuestión en tiempos de desorden, caos y anarcosindicalismo al desuso.

Rosa Ulpiano

Junio 2015. Glasgow

 

Edgar Wind. Arte y anarquía. Editorial Taurus. Barcelona, 1986. Pág.56

Christian Dietrich Grabbe. Don Juan y fausto. Cátedra. Madrid, 2007

Poe. Poetic Principle y Philosophy of Composition.

Ibid. Pag 59.

Exposición ATZUCAC desde el 11 de junio de 2015 en el EMAT, Espai Metropolità d’Art de Torrent