Recientemente apareció en un diario de difusión nacional una noticia que considero verdaderamente relevante. Se trata de un estudio realizado por investigadores noruegos que afirman que el hecho simple de asistir y participar de manera más o menos activa en eventos culturales, lleva a la gente a sentirse mejor y menos propensa a padecer estrés, ansiedad y depresión. Está claro que hay alternativas y soluciones de extraordinaria eficacia para aliviar y hasta curar dolencias psicofísícas tan graves y frecuentes como las mencionadas y no se les concede la importancia que merecen porque casi siempre son desconocidas para el gran público. Llevo cuatro años entrevistando a cuantas personas positivas y entusiastas mayores de noventa años me voy encontrando por toda España con motivo de las distintas conferencias y talleres que imparto sobre recursos humanos e inteligencia emocional aplicada a la vida. Solo me intereso por estos mayores que se manifiestan positivos, felices y entusiastas a pesar de sus achaques, sus problemas y sus carencias. Mi pregunta  es la misma para todos. Les digo que como psicólogo quiero saber cuál ha sido la actitud dominante a lo largo de su vida frente a las adversidades y qué es lo que más les ha ayudado a ser tan positivos y optimistas. Nueve de cada diez de estas personas admiten y defienden «que se han dedicado a vivir» y que sentirse útiles y valiosos y responsables de su propia vida era el motor de su existencia, pero más que nada su gran  curiosidad por saber y aprender y ver cosas nuevas. «Cada día se aprende algo y descubres algo bueno, bello y distinto». Lo que les mantienen vivos y más felices es su espíritu renovador y creativo que les hace sentirse jóvenes y emprendedores, aunque pasen de los noventa. ¿Por qué asistir a eventos culturales y participar en ellos lleva a cualquier persona a sentirse mejor, sobre todo si está estresada o deprimida? La respuesta desde la ciencia es que estas personas, al centrar su atención e intención en nuevas experiencias gratificantes y bellas, consiguen desconectar todo su ser de las preocupaciones, los temores, las responsabilidades, las prisas, las exigencias, las tensiones y activan el sistema nervioso parasimpático, gran equilibrador y creador de sosiego y de paz. A esto hay que añadir que, por empatía, quien contempla un bello cuadro o escucha una extraordinaria composición musical o admira una construcción arquitectónica monumental y bellísima, se siente creador junto con el autor, con el artista, y esto le lleva, como ser humano integrado en el todo, a sentir como propio lo creado por otro ser humano.
Nuestro cerebro fue diseñado para ser creativo, para resolver problemas e innovar. Cuando contemplamos las creaciones propias o de los demás, activamos la dopamina y la serotomina en nuestro cerebro y nos sentimos más seguros, importantes y felices. Cualquier persona que se sienta activa y creativa o que disfrute admirando y contemplando la producción y creación artística o científica de los demás, se está proporcionando a sí misma un gran gozo, relajante, tonificante y motivador. Las actividades que exigen más participación y colaboración; las que conducen al divertimento inmediato como el baile, la risa y la carcajada del cuenta chistes; las representaciones escénicas y las que de manera directa conducen a la relajación mental y física se deben buscar y propiciar de forma consciente, directa y programada. Todas ellas son generadoras del «optimismo vital», que yo practico y defiendo desde hace años. Los eventos culturales por sí mismos y especialmente cuando son muy participativos y divertidos se convierten en un potentísimo euforizante y al mismo tiempo antiestrés eficaz que a todos beneficia.
  1.  El ocio que ayuda a desconectar de las tensiones y preocupaciones cotidianas  y del estrés es seguramente el mejor y más provechoso negocio para los humanos del siglo XXI. La razón es que de manera directa o indirecta activan el optimismo vital que reporta los siguientes beneficios: 

1. Mejor salud física y psíquica porque a mayor optimismo vital, se da un estilo de vida más saludable y agradable. Ser optimista importa tanto como tener buenos genes y hábitos saludables.
2. Quien se engancha al optimismo y a las actitudes positivas vive 7,6 años más que el pesimista.
3. Se potencia más el sistema inmunológico siendo positivo y entusiasta, con lo cual estamos poniendo una poderosa barrera a la mayoría de las enfermedades.
4. Se logra más fortaleza y habilidades ante la adversidad e incremento de los recursos psicológicos que nos protegen frente a la depresión.
5. Al igual que la risa, la sonrisa y el sentido del humor, una mente relajada, sosegada y optimista activa el sistema de recompensas mesolímbico dopaminérgico que está asociado con diversos placeres hedónicos.
y, por último, todas las culturas, tradiciones, filosóficas y místicas orientales, recomiendan el optimismo buscado y el humor positivo como causas de sabiduría y madurez emocional y psíquicas. 
Bernabé Tierno
Licenciado en Filosofía, Ciencias de la Educación y Psicología, es mienbro de la Sociedad Española de Medicina Legal y Social y de la Sociedad Española de Pedagogía. Ha escrito más de treinta libros, entre los que se encuentran: Profesor de ti mismo, Apendo a vivir y Psicología práctica de la vida cotidiana.