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“La libertad no ha de venderse ni por todo el oro del mundo.”  Horacio

             Con la puesta en marcha de la Inteligencia Artificial (IA), la función del artista contemporáneo se presenta imprescindible; más que nunca. Este papel lo resumiría en una frase, «Transformar lo humano en sagrado«. Esto implica elevar el valor intrínseco de lo humano — en especial la persona humana— a un estatus de dignidad absoluta, inviolable y merecedor de respeto profundo. ¡Qué no es poco!  

Este concepto se alinea con la visión cristiana donde se afirma que los humanos son sagrados porque portan la imagen divina. Transformar lo humano en sagrado significa reconocer que la dignidad humana no depende de sus funciones, de sus capacidades o su utilidad. Sino más bien de la esencia propia del ser humano dotado de razón. El ser humano es sagrado por su capacidad de búsqueda de la libertad. Sacralizar al ser humano es garantizar un orden social justo. Por tanto, transformar lo humano en sagrado no es un ideal, sino una exigencia que implica proteger la vida, promover la libertad, y rechazar toda instrumentalización de la persona. 

El papel del artista contemporáneo en la era de la IA ha evolucionado hacia una figura que integra, cuestiona y colabora con la tecnología. Un papel donde transforma su rol de creador individual a curador, programador y coautor de procesos artísticos híbridos. El artista ya no actúa solo; utiliza algoritmos como herramientas creativas. Tenemos ejemplos como Refik Anadol o Mario Klingemann donde muestran cómo la IA genera imágenes, sonidos o textos que el artista orienta, y selecciona, los dota de sentido. En este contexto, el artista es quien define la intención, el contexto y la forma, mientras la IA amplía las posibilidades técnicas visuales.  

La Inteligencia Artificial permite crear obras inimaginables con medios tradicionales, como paisajes oníricos, retratos híbridos o música generativa. El creador se convierte en un pionero de lo experimental, explorando lo que ocurre cuando la creatividad humana se entrelaza con el aprendizaje automático. Ante la automatización de la creación, el artista contemporáneo interroga la autoría, la originalidad y la emoción. Como señala Damon Albarn, la IA puede imitar formas, pero no reemplaza el «viaje del artista» ni la profundidad emocional. Su papel incluye, defender el valor del esfuerzo, la intención y la experiencia humana en el arte.  

Artistas como Egor Kraft o Klingemann usan la IA para cuestionar nociones como la autenticidad, la memoria colectiva, o el sesgo algorítmico.  Obras como * A.I.C.C.A., que «defeca» críticas de arte, ironizan sobre el rol de esta como juez cultural, mostrando que el artista sigue siendo quien plantea preguntas. Algunas veces incómodas. El autor contemporáneo se convierte en un híbrido entre artista, programador y pensador, trabajando en la intersección de arte, ciencia y tecnología. Esta fusión abre nuevos formatos: instalaciones inmersivas, arte generativo en tiempo real, o proyectos colaborativos globales. 

Este artículo podría parecer un tanto anacrónico, o quizás fuera de lugar, pero en el momento en que ha sido inspirado, se observa a lo lejos, un cambio trascendental en las sociedades humanas conocidas hasta ahora, apareciendo en el horizonte las primeras orientaciones hacia lo que nos atrevemos a denominar como economía del espacio.

                    Abate Bussoni

   *A.I.C.C.A. (Artificially Intelligent Critical Canine) ”es un perro robótico capaz de explorar espacios como galerías, museos o ferias de arte, para luego producir y defecar textos breves sobre las obras que encuentra. A.I.C.C.A., un artista autómata para la era de la IA, combina estética retro con algoritmos complejos, ChatGPT y humor irónico para generar conversaciones. Refleja la fascinación de toda la carrera de Mario Klingemann por la intersección del arte y la tecnología, pero también marca un nuevo paso para el artista, que ha incorporado la robótica a su trabajo por primera vez. El resultado es un agente provocador peludo que invita al debate sobre la IA, el papel de los robots o incluso lo que significa tener un ojo crítico”.