El
pasado sábado 10 de noviembre, el intenso macrofestival de música
electrónica  BlackLotus
tuvo
lugar
en Feria Valencia tras recibir la asistencia de unas 7.500 personas,
que han bailado durante cerca de 16 horas en un recinto
blindado
con extremas medidas de seguridad que han logrado que la fiesta
transcurriera sin incidentes.




La
intensidad del festival se siente desde el primer segundo, al
principio es raro e incómodo. El cerebro tiene que asumir el exceso
de estímulo. Al
cabo de un rato, ese mismo se estabiliza. Eres uno más. Nos
olvidamos la edad, la crisis y las angustias
.
El ritmo se va adueñando de nuestro cuerpo hasta adentrarnos en una
misma atmósfera

El
Black
Lotus Festival

ha reunido a una quincena de grupos de música electrónica en sus
distintas facetas, como el electro, dubstep, nu-rave, techno-rock,
hip-electro-hop e indietrónica.

Me
pregunto qué efecto tiene esta clase de música (ritmos, patrones y
ciclos mucho menos sutiles que en otros estilos). Quizás
sea lo vivo que uno se siente, sin pensar en el lunes ni en la
hipoteca, ni en el político de turno. El cuerpo liberado de la
tiranía de lo mental, sin miedo al abandono o al compromiso.
A
las siete de la mañana el cansancio es brutal, con lo cual el
pensamiento queda suspendido hasta nuevo aviso. Hemos sudado, y dado
nuestra voz de si. Te invade un magnífico sentido transitorio de lo
que es estar bien con todo el mundo, sin prejuicios. Como
si fuese a causa de un éxtasis, pero sin el éxtasis.





Te
guste más o menos, el estilo de la música , nadie toma conciencia
del poder que por unas horas los DJS tienen en sus manos: sus ritmos,
sus dubs son los que manejan los hilos de las emociones, de las
hormonas, de la libido de siete mil personas olvidadas de sí mismas.
Son los hechiceros. Dueños del sentido, de las sensaciones.

Deberíamos
experimentar esta sensación

de abandono momentáneo
del pensamiento al menos una vez cada mes y poder escapar de
nosotros mismos, de la sociedad que nos rodea gracias al poder de la
música
y el arte. 

AOA