«Una tercera modernidad que resuelva nuestros problemas a coste de nuestro futuro humano es una cruel perversión del capitalismo y de las capacidades digitales que se controla actualmente. Una economía de mercado… abandonada a sí misma contiene en su seno… poderosas fuerzas de divergencia, potencialmente amenazadoras para nuestras sociedades democráticas y para los valores de justicia social en que están basadas. Esa es precisamente la tempestad que cosecharemos de los vientos sembrados por el capitalismo de la vigilancia, una modalidad… que está contribuyendo sin duda a la atenuación del compromiso con el futuro democrático… El capitalismo de la vigilancia apareció en escena cuando la democracia ya estaba contra las cuerdas, y estuvo cobijado y alimentado… por las reclamaciones de libertad»
Shoshana Zuboff
Socióloga y profesora emérita en la Harvard Business School
El arte desde la modernidad se encuentra en una eterna crisis, caracterizada por sus cambios y su falta de entendimiento. El desorden, entendido en nuestra sociedad como arte, se observa en museos llenos de piezas sin utilidad y en bibliotecas llenas de libros sin nada que aportar, vacíos de contenido. La subjetividad del arte actual crea caminos alternativos al real, caminos hacia la destrucción, hacia el fracaso. Lo único que puede triunfar es lo objetivo, el pensamiento debe adaptarse a las leyes de
la naturaleza halladas y recordadas por el pensamiento remoto. El efecto sobre la mente del individuo y la sociedad, tal y como podemos comprobar, es nula. Es un desierto donde apenas encontramos algún que otro oasis.
En su afán principal, el arte contemporáneo busca la conquista del poder. Lo vemos en el Arte Griego en sus inicios, desvirtúa el arte Egipcio añadiéndole elementos filosóficos propios de su carácter, hasta la actualidad. El arte contemporáneo genera efectos adversos para quienes lo consumen, ese arte mercantilizado está vacío o es sencillamente un entretenimiento.
Por otro lado, el arte académico busca romper barreras, abrir nuevos horizontes sobre datos, información o modas, obteniendo resultados que solo sirven a sí mismo, con muy poca aportación hacia la persona. El arte verdadero no es importante en sí mismo, tal y como se entiende el arte contemporáneo, sino que su relevancia radica en el efecto provocado en quienes lo perciben en su camino de evolución. Es un arte prescindible.
La obra de arte que no crea mejores seres humanos está facilitando la degradación de los mismos a quienes se dirige. Comprobamos a nuestro alrededor, cómo todo aquello que no evoluciona se deteriora, pervierte, rompe. Y en el peor de los casos corrompe. La profesora Zuboff lo explica con claridad en su investigación sobre las consecuencias de una sociedad sin objetivos en la que estamos inmersos:
“El capitalismo de la vigilancia ha usurpado nuestros derechos en ámbitos como el individual y el social para dar respuesta a Quién decide, Quién sabe, Quién decide quién decide. Es un escandaloso abuso de las capacidades digitales y de la promesa desde un inicio que argumentaban una democratización
del conocimiento y una satisfacción de la necesidad de disponer de una vida más eficaz. El motivo puede ser digital, pero el futuro debe ser más humano. Todavía estamos en disposición de frenar estas acometidas redirigiendo y orientando hacia otros objetivos todas nuestras acciones presentes”, dice la profesora Zuboff.
“Entre los múltiples insultos a la democracia y sus instituciones tengo contados:
1.La expropiación no autorizada de la experiencia humana
2.El secuestro de la división del aprendizaje social
3.La independencia estructural respecto de las personas
4.La imposición furtiva de la colmena colectiva
5.El ascenso del poder instrumentario y de la indiferencia radical en la que se sustenta su lógica extractiva
6.La construcción, la propiedad y el manejo de esos medios de modificación conductual que integran el Gran Otro**
7.La abolición del derecho elemental al tiempo futuro y del derecho elemental de asilo y refugio
8.La degradación del individuo autodeterminado como punto fundamental de apoyo de la vida democrática
9.El énfasis en el entumecimiento psíquico como respuesta a su ilegítimo Quid pro quo.
Ahora el Capitalismo de la Vigilancia reclama su derecho a un proyecto colectivista que reivindica para sí a la totalidad de la sociedad. Sus ambiciones colectivistas antidemocráticas lo revelan como un hijo que no duda en devorar a sus padres.” Comenta Shoshana Zuboff. Jean-Jacques Rousseau enuncia esta idea cuando habla del contrato social. Los derechos de los hombres en sociedad no se pueden
legar, ni transferir, ni aniquilar: únicamente son heredables; y no está en la mano de ninguna generación atajar e interrumpir definitivamente esa descendencia. Si la generación presente, o cualquier otra, está dispuesta a ser esclava, eso no minora el derecho de la generación sucesora a ser libre: las injusticias no pueden tener descendencia legal.
¡Ay de nosotros! Si entregamos un futuro humano a unas compañías poderosas y a un capitalismo deshonesto que se desentiende del compromiso de cubrir nuestras necesidades o de servir a nuestros verdaderos intereses.
La escritora Hannah Arendt nos recuerda: “la reacción humana natural ante tales condiciones es de ira e indignación porque son condiciones contrarias a la dignidad del hombre. Si describo esas condiciones sin permitir que mi indignación interfiera, habré abstraído ese fenómeno particular de su contexto en la sociedad humana y, con ello, lo habré despojado de parte de su naturaleza, lo habré privado de una de sus más importantes cualidades inherentes.” La eficacia sin autonomía no es verdaderamente eficaz, la conformidad inducida por la dependencia no es ningún contrato social, una colmena sin salida nunca puede ser un hogar, la experiencia sin un refugio es meramente una sombra, una vida que nos obliga a escondernos no es vida, que lo táctil que no va acompañado de sentimiento no nos revela verdad alguna, y que liberarnos de la incertidumbre no es libertad.
Qué podemos hacer frente a los cambios presentados frente a nosotros sin explicación alguna, sin justificación plausible, sin razonamiento veraz. La última salida presentada es adentrarnos en los planteamientos de la web3, en la cadena de bloques, en su afán por la confianza, la transparencia, la equidad. Argu- mentos básicos y sencillos de entender, pero lejos de ser aceptados por un individuo solitario amenazado por sus propios miedos. Atento a las pantallas donde olvida observar cada noche a las estrellas.
ABATE BUSSONI
*El capitalismo de la vigilancia es un sistema muy diferente al industrial, comercial o financiero. Funciona solo en Internet y la mano de obra son los usuarios, que de forma gratuita ponen sus vidas privadas al servicio de las tecnologías. Sus datos personales son la mercancía, que se intercambia de manera opaca al margen del individuo. Hace referencia a cómo las grandes empresas tecnológicas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft (GAFAM), utilizan las experiencias humanas y datos personales para predecir el comportamiento de la sociedad. No solo buscan nuestros datos, escanean nuestras emociones y modifican nuestra conducta para su beneficio. Pensamos que son compañías innovadoras que ocasionalmente cometen errores que violan la privacidad, cuando la realidad es que esos errores son las innovaciones.
La privacidad es pública, si la entregamos destruimos la sociedad y disminuye la democracia. Empresas como las GAFAM, entre otras, han plantado sus banderas en nuestras vidas. Y han dicho que es su material bruto y gratis, sus activos privados para vender como mercancía. Así nace el capitalismo de la vigilancia y es profundamente antidemocrático, hasta rozar el totalitarismo. Es hora de actuar, es hora de enfrentarse a esta manipulación. Si no queremos perder nuestra pequeña libertad.
**El capitalismo de la vigilancia impone su voluntad a través de los dispositivos digitales, a los cuales la autora denomina Gran Otro. De manera silenciosa unas pocas empresas como Meta (antes Facebook), Google y Amazon, capturan nuestros habitus, prácticas, deseos, sentimientos y sueños para comercializarlos y generar predicciones que serán vendidas a grandes empresas aseguradoras, de salud, concesionarios de autos, partidos políticos, entre otras; quienes a su vez pueden moldear nuestros comportamientos como consumidores, sujetos sociales y políticos.
Merced a la capacidad del Gran Otro, el poder instrumentario aspira alcanzar una condición de certeza y elevar con ello sus ganancias.
Página 4-5 revista 22 Tatiana Kourochkina Biodiversidad reflejo de la naturaleza en el arte contemporáneo
