El arte digital es un concepto que solo hasta hace un par de años comienza a tener relevancia. Esta era tecnológica en la que vivimos se encargó de revolucionar cada aspecto de nuestra cotidianidad. Las comunicaciones evolucionaron, las ventas cambiaron, las industrias se adaptaron y el arte se apoderó de nuevos formatos.

En la actualidad las exhibiciones inmersivas están en auge y sugieren ser el camino vanguardista para conquistar al espectador moderno. Museos que incluyen realidad aumentada en sus recorridos, galerías de arte que presentan obras en 3D, empresas constructoras que muestran sus maquetas virtuales, son el claro ejemplo de lo que supone adecuarse a la demanda digital.

«La combinación de arte y tecnología, despliega un abanico de posibilidades para llegar a un público más amplio, reducir las limitaciones físicas, conseguir mayores inversiones y obtener prestigio híbrido»así lo asegura AnaB Rodríguez, CEO de la productora española aiLifeHuman. También sostiene que «crear una colección de arte, monetizar la creatividad, llevar los diseños tradicionales al mundo 3D y hacerlo perdurable en el tiempo, es un universo generoso que tuvo reciente génesis con la invención de los NFT’s».

Adentrarse en la transformación digital es un viaje sin retorno, un sendero asombroso que reta al artista tradicional, pero que también le brinda una oportunidad de llegar más lejos. Lo grato del asunto es que no importa en qué punto del camino estés, el norte siempre indica lo mismo: ¡digitalizar!

Artículo completo en ARTNOBEL Inspiration Review of Contemporary Art revista número 20.