Chema Madoz es el autor de esta imagen y la de cabecera

Creatividad y mindfulness

Vivir en tiempos inestables, de crisis, sombríos, requiere nuevas competencias, nuevas capacidades, nuevas actitudes, nuevos pensamientos y sentimientos… pero sobre todo, nuevos valores y nuevas acciones. Por ello ahora necesitamos dosis especiales de creatividad, para resolver enigmas de los que depende la propia viabilidad y sostenibilidad de la especie humana en sus tres entornos: natural (physis), social (polis) y digital (telépolis, entorno informacional, electrónico, telemático) (Echeverría, 1999); y en su triple ecología (mental, social y medioambiental) (Guattari, 1990; Vázquez Medel, 1999). Precisamente, nuestra integración en un nuevo entorno cibernético y telemático y la mayor eficacia con que nuestras extensiones tecnológicas resuelven cuestiones antes reservadas a la memoria y a la computación mental, hace que se desplace la orientación de nuestro funcionamiento cerebral para impulsar nuevas capacidades creativas. Y, por supuesto, pautas de acción más flexibles, más plásticas, que nos permitan fluir en nuestro mundo líquido

No son muy diferentes las razones que han llevado a un espectacular incremento en la incorporación de prácticas diversas de meditación, atención plena, mindfulness, en occidente. La extraordinaria conciencia de crisis tras la segunda guerra mundial, que el padre de la logoterapia Viktor E. Frankl (1991) calificaría como la raíz de neurosis noógenas, o de falta de sentido, agravadas en las últimas décadas por unas dinámicas globalizadoras inhumanas, ha llevado a nuestras sociedades a buscar, en fuentes alternativas, una raíz de sentido a la existencia. El tránsito de los tiempos modernos en los que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, como Marx anunció, a esta modernidad líquida (Zygmunt Bauman) -en la que se cumple el heraclitiano panta réi, todo corre, todo se transforma, todo fluye- crea una gran desorientación. Así lo han expuesto acertadamente Berger y Luckmann en Modernidad, pluralismo y crisis de sentido, texto avanzado en un ensayo con el mismo título: El sentido se constituye en la conciencia humana: en la conciencia del individuo, que está individuado en un cuerpo y ha sido socializado como persona. La conciencia, la individuación, la especificidad del cuerpo, la sociedad y la constitución histórico-social de la identidad personal son características de nuestra especie” (Berger-Luckmann, 1996: 1). El sentido, como construcción de la conciencia implica a la vez lo individual y lo colectivo, porque “La tarea de las instituciones consiste en acumular sentidos y ponerlos a disposición del individuo, tanto para sus acciones en situaciones particulares como para toda su conducta de vida” (Berger-Luckmann, 1996: 9). El pluralismo de las sociedades abiertas, con sus muchos aspectos positivos, ha supuesto un grave socavamiento a la supuesta estabilidad de los valores compartidos, y por tanto una crisis de sentido como nunca había sido conocida. 

El acercamiento a prácticas orientales (por otra parte, bastante universales) de meditación aparece como un intento de encontrar estabilidad personal y sentido, incluso sin implicar creencias transcendentes. Sus más o menos inmediatos efectos en el bienestar personal llegan también a las interacciones colectivas (“transformarse a sí mismo para transformar mejor el mundo”, dirá Ricard, 2011: 21). 

Chade-Meng Tan está convencido de que crear las condiciones necesarias para la paz mundial pasa por hacer accesibles a toda la humanidad los beneficios de la meditación. Algo que valida el prestigioso científico Jon Kabat-Zinn en las palabras de su prólogo al libro de Tan (2012: 21): “Una vez que uno ha probado por sí mismo los beneficios de estas prácticas, lo más normal es que sienta el deseo de prolongarlas, no con el fin de alcanzar un estado especial, sino simplemente para descansar en el estado de conciencia plena, ajeno por completo al paso del tiempo. Ésta es la práctica del no ser, de la presencia a corazón abierto, de la conciencia pura, coetánea e inseparable de la compasión. No es una huida de la vida. Por el contrario la práctica de la atención plena es una puerta a la experiencia de la interconexión y la interdependencia, de la que derivan acciones emocionalmente inteligentes, nuevas formas del ser y, en última instancia, un aumento de la felicidad, la claridad, la sabiduría y la bondad, tanto en el trabajo como en el mundo”. 

LIBRO: Investigación y docencia en la creación artística. Este texto está extraído de la introducción.

COORDINADORES:  Pablo García Sempere, Pablo Tejada Romero y Ayelén Ruscica.

AUTORES: Manuel Ángel Vázquez Medel, Ricardo Marín Viadel, Ángel García Roldán, Guillermo Cano Rojas, Estrella Fages, José Gijón Puerta, Rafael Liñán Vallecillos, Carina Martín Castro, José Ignacio Hernández Hernández.